MENDOZA — La cultura argentina despide a una de sus mentes más extraordinarias e influyentes. En la provincia de Mendoza se apagó la vida de Jorge Zuhair Jury, guionista, escritor, realizador y pintor cuya visión poética y pulso narrativo transformaron para siempre la historia del cine nacional e hispanoamericano.
Aunque durante décadas mantuvo un perfil reservado, alejado del bullicio mediático y la exposición pública, Zuhair Jury fue en rigor el arquitecto conceptual y la fuerza lírica que impulsó la filmografía de su hermano menor, el legendario cineasta y cantor Leonardo Favio (Fuad Jorge Jury). La simbiótica colaboración entre ambos dio origen a un universo cinematográfico único, impregnado de realismo mágico, dolor popular, belleza trágica y una profunda devención por las raíces de la tierra.
La pluma que construyó los mitos del cine nacional
La impronta de Zuhair Jury quedó grabada con letras de oro en las páginas más gloriosas del arte argentino. De su mente y su pluma nacieron los guiones y relatos base de obras fundamentales del cine sudamericano, comenzando con Crónica de un niño solo (1965), considerada de manera unánime por la crítica especializada como una de las obras cumbres de la cinematografía en español.
Posteriormente, Jury construyó las estructuras dramáticas de clásicos imperecederos como:
El romance del Aniceto y la Francisca (1967), basada en su cuento El señor Fernández.
El dependiente (1969), adaptada de su propio relato homónimo.
Juan Moreira (1973), la monumental epopeya popular que redefinió el mito del gaucho.
Nazareno Cruz y el lobo (1975), la arrolladora obra folclórica que durante décadas ostentó el récord histórico de taquilla en el país.
Sin la sensibilidad narradora de Zuhair, el lirismo visual de Favio no habría tenido el mismo sustento dramático y filosófico. Ambos conformaron la dupla creativa más trascendente y poética de la cinematografía argentina.
Un talento polifacético
Más allá de su inestimable aporte al cine de Favio, Jorge Zuhair Jury fue un artista integral. Se destacó como escritor de cuentos y novelas de profunda raíz cuyana, además de ejercer la dirección cinematográfica en largometrajes como El fantástico mundo de María Montiel (1978) y Tacos altos (1985), y cultivar con maestría las artes plásticas.
Con su partida, el país despide al último de los grandes narradores de la época dorada de nuestra cultura. Su legado trasciende el papel y los fotogramas, quedando inmortalizado en la memoria de un pueblo que aprendió a mirarse y a conmoverse a través de sus historias.
Claudio Visso – Comunicador Social

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